Yeniffer Díaz abril 14, 2010

Echada mirando el techo, fijo mis ojos en la grieta que cruza el cuarto, una grieta que descubre una historia secreta, aquella que se escondió durante la guerra. He visto este mismo techo blanco durante días sin sonreír, he mirado cada metro cuadrado desde que tu presencia se esfumó de mí. La historia ha seguido su rumbo, el día empieza con mi cabeza despejada, las ocupaciones distraen mi sentencia, la tarde se oxigena derritiendo el hielo y entonces todo vuelve a suceder, nuevamente la noche, el techo, lo blanco y el silencio y tú mirando mi soledad y abandonando mi vacía y silente cama. Elimino la furia que causa tu ausencia, desintegro la desesperanza que siento, duermo plácidamente siendo testigo de historias irreales y vuelvo a la imagen del inicio.