Tiempo de Cuentos
Miras su imagen despigmentándose lentamente, suavemente se aleja de tu lado y cierra la puerta para que tu espacio no lo toque. Tu rostro refleja el ardido amor que abandona.
En ese instante quieres un chocolate, porque sabes que el chocolate enamora la vida, sin él todo se vuelve blanco sin gusto...
Tiempo de Cuentos
octubre 27, 2010
Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.
El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro de lo que había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo de hambre y de sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que solo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba el viaje como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro de lo que había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo de hambre y de sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que solo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba el viaje como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".
Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.
Tiempo de Cuentos
agosto 11, 2010
El clavel nace en medio del campo
en una mañana bastante templada
sus pétalos rojos provocan envidias
las margaritas celosas la miran.
La rosa quiere ser un clavel
quiere tener las miradas de todos
quiere que la envidien por su color
pero nadie la observa, no le prestan atención.
El clavel tiene seguridad y algunos miedos
el tulipán observa sus temores abiertos
sabe que ya no es flor única, le ha salido competencia
es difícil distinguir ahora, con la presencia de la azucena.
El clavel se deprime y se nota en sus pétalos
ya no es la misma flor, se siente deshecho
quiere volver a la seguridad del primer día,
ya no hay marcha atrás está en agonía.
Las margaritas parecen felices pero no lo son
la rosa está alegre, es nuevamente la mejor
el tulipán llora sin parar, llora con total desesperación:
el clavel hoy ha muerto, su vanidad la marchitó.
Tiempo de Cuentos
agosto 04, 2010
Estaba sentada en el mismo bar y a la misma hora en la que solía encontrarse con él. No quería darse cuenta de que estaba repitiendo los mismos movimientos y yendo a los mismos lugares que deseaba olvidar y es que el sabor que había dejado aquel individuo en sus labios ni con jabón se lo podía sacar.
Tiempo de Cuentos
Salió a escribir como todos los días
Su trabajo lo obliga a aquello
Despertar, salir cuando lo necesitan
Sentirse indispensable es su reto
Su forma estilizada sugiere un estilo
Se yergue altanero en su recinto
Su carrera le gusta, conoce el camino
Aunque a veces sienta que es otro su destino.
Ya no quiere escribir quiere correr
Quiere alcanzar al gran ciempiés
No entiende que ese no es su fin
Aunque también soñó, alguna vez, con ser un delfín.
Abre los ojos y observa su figura
Sus ilusiones se sumergen, produce ternura
Su vida está hecha para la escritura
Para vivir sin pensar como lo hace una escultura.
Quiere comprender el espanto de la monotonía
No acepta su destino quiere otro fin
Ha decidido no enterarse de su naturaleza
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