Benedetti me enseñó a sentir amor...
"El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer)".
La Insoportable Levedad del Ser - Milán Kundera
Echada mirando el techo, fijo mis ojos en la grieta que cruza el cuarto, una grieta que descubre una historia secreta, aquella que se escondió durante la guerra.
He visto este mismo techo blanco durante días sin sonreír, he mirado cada metro cuadrado desde que tu presencia se esfumó de mí.
La historia ha seguido su rumbo, el día empieza con mi cabeza despejada, las ocupaciones distraen mi sentencia, la tarde se oxigena derritiendo el hielo y entonces todo vuelve a suceder, nuevamente la noche, el techo, lo blanco y el silencio y tú mirando mi soledad y abandonando mi vacía y silente cama.
Elimino la furia que causa tu ausencia, desintegro la desesperanza que siento, duermo plácidamente siendo testigo de historias irreales y vuelvo a la imagen del inicio.
Tu dulce sudor rozando mi rostro,
Tus labios dibujando ilusiones en mis labios
Tu mirada atónita que despierta mis más profundas pasiones
Hacen que destruya el tiempo designado para estar desierta.
Te sientes totalmente vulnerable ahora
Eso llama totalmente mi atención
Me desvelo por complacerte
Esto, sin dudarlo, realmente me sorprende.
Dejé atrás mi máscara de egoísta solitaria
Para lucir mi faz verdadera de chica enamorada
Que admite que se desvive
Por cada una de tus paradisíacas alas.
No quiero despertar de esta placentera quimera
Donde solo tú puedes permitirte llamarte mi dueño
El dueño de los días grises típicos de Lima
Y de las noches que no se quieren convertir en día.
Tal vez has sentido que mis palabras se pierden cuando te miro
Pues se van lejos, saben que no son suficientes
No tienen manera, no encuentran camino
Para expresar lo inmenso que nace aquí contigo.
Déjame amarte al caer la luna,
Déjame sentir tu mano junto a mi orilla.
Quiero pertenecer a tus senderos,
Quiero ser perderme en tus sentidos.
En días como estos es que todo se ve diferente
Y las manos juegan el papel de escribano de occidente
Que necesita relatar con afables vocablos
Lo que es desconocido para el ermitaño
Que se esconde de la gente porque siente rencor
De no poder ser parte de su frescor.
Yo soy afortunada de tener tu predisposición
Me agrada sentirlo, me agrada admitirlo mi amor
Había una vez una princesa, la verdad es que siempre han habido princesas, pero ésta era la más hermosa de todas.
Ella vivía en un castillo muy grande. Tenía todo lo que cualquier humano hubiese querido poseer: lindas joyas, grandes trajes, gran cantidad de sirvientes y el cumplimiento de cada uno de los caprichos que poseía.
El día en que cumplía trece años sus padres decidieron hacerle una gran fiesta, sin embargo ella solo decía -¡Qué aburrido!-; le trajeron trapecistas, magos y payasos, pero la princesa solo repetía -¡Qué aburrido!-; invitaron a los mejores músicos para divertir a la princesa, pero ella solo decía -¡Qué aburrido! Entonces, apareció un enano, un enano de lo más feo que daba muchos brincos y hacía sinnúmero de piruetas en el aire. Saltaba, reía, cantaba sin cesar.
El enano era todo un acontecimiento. La princesa inmediatamente se puso de pie y empezó a reí y a aplaudir: -Bravo, Bravo- y el enano, alagado y contagiado de su alegría, saltaba y saltaba, hasta que cayó al suelo rendido. -"Sigue saltando, por favor" -dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos..... Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, quería decirle lo mucho que la amaba. Estaba completamente convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque: -"Ella no es feliz aquí. Yo la cuidaré y la haré reír siempre"- pensaba el enano.
El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible. Ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. Era un ser totalmente desagradable. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que estaba mirando un espejo y que aquel monstruo era él mismo, reflejado. En ese momento entró la princesa con su séquito. -"Ah estas aquí, qué bien, baila otra vez para mí, por favor". Pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía.
El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. -"Ya no bailará más para vos, princesa"- le dijo. "¿Por qué?" preguntó la princesa. -"Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, todo aquel que venga a palacio, que no tenga corazón".
Hoy he meditado sobre estos días de ausencia y sumergida en las implacables garras del conformismo y la ignorancia, llegaron a mí una serie de interrogantes que continuamente me hago sin encontrar respuestas que me alejen de esos vagos pensamientos.
Mientras miro el movimiento ondulante de las nubes a través de las líneas circundantes que las cortan, pienso en las simplezas de las palabras que se hacen fuertes fuera de un papel. Él hablaba incesantemente y yo no lograba escucharlo, intentaba hacerlo, pero cada palabra que salía de su boca y recorría el canal para llegar a mi lóbulo auditivo se desvanecía con el disparo de mi indiferencia. Sigue hablando y no comprende que no lo escucho que solo espero el pedido, logro articular algunas palabras, pero inmediatamente se deslizan en el inconsciente el recuerdo de esta tarde. Mis ojos comienzan a recorrer un camino explorado en épocas imposibles, un "increíble" llega nuevamente a mí y sin entender el porqué de su procedencia sonrío y sujeto el cigarro que pedí encender, sonrío y vuelvo a encerrarme en la burbuja de la vida que no es la mía.

