Juego con las palabras, con las emociones y con lo que surge de mi ser emocional. La poesía ha llegado a mi vida y quiere quedarse, le rindo homenaje con el siguiente texto...
¿Tú qué opinas de la poesía?
¿Leíste o escribiste poesía?
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Poesía de mi vida
Río, pienso, sueño y muchas veces no comprendo, la poesía ingresa por mis venas y yo sin darme cuenta. Lo hace a través de un ritmo pegajoso, de una repetición concatenada de sabor inmerso. La miro con sorpresa, me toma entre sus brazos y bailamos juntas, su ritmo es cadencioso, me dejo llevar. ¿Es esto la poesía?
Luego me sacude frenética, loca y me mira a los ojos atenta
como si entendiera mi duda, se muestra y yo sonrío al ver a un viejo conocido.
Caminamos de la mano, me habla sobre su dolor, sobre su decepción, la siento
correr por dentro, me desangro a su lado, la sostengo y tomo como mío su dolor.
¿Es esto la poesía?
Hay un silencio y un vacío interno. Respiro profundo y la
mano agitada por un impulso sobre
Una palabra se junta a la otra, se encuentran y se dan
sentido, éxtasis cognitivo. El alma respira con cada letra. Un trance
prodigioso se apodera de mi mano, de mi vida, miro con asombro lo que me rodea
y la veo en todas partes, me saluda, la hago mía.
Está por todos lados y me es difícil escapar. La poesía es
inefable, sólo hay que dejarse llevar.
@yenitosdecuento
Hoy, un recuerdo ha retumbado queriendo aparecer, queriendo ser contado. Evoco mis inicios como estudiante de literatura. Por aquellos años tuve una profesora amante de los escritores del Boom latinoamericano, le gustaba hablarnos de Borges, del gran Cortázar, pero su pasión sin duda era Gabriel García Márquez. Nos lo presentó con Crónica de una muerte anunciada, luego llegaron los Doce cuentos peregrinos y su curso acabó con su predilecto Cien años de soledad.
¡Vaya viaje junto a Gabo! Nos fue imposible detenernos.
¿Qué nos atrajo de este escritor? A mí, muchas cosas, pero
sobre todo la normalización que hizo de la fantasía en sus obras, de lo irreal,
de lo misterioso (según la clasificación de Anderson Imbert). Cada hecho
extraordinario ocurrido en las historias de GGM era aceptada como verdad
absoluta por sus lectores que no éramos pocos.
Cuando se lee a Gabo, es imposible no sentirse
comprometido/a con el devenir de acciones sorprendentes que les propone a sus
personajes. Cada uno de ellos es descrito con claridad, con exactitud. En este
momento mi recuerdo se dirige hacia uno de sus cuentos. Me detengo en los
doce cuentos peregrinos y descubro que no es ajeno al realismo mágico, eso
llama aún más mi atención. Cada cuento esconde entre sus letras pasión,
misterio, desenlaces inesperados; tiene historias inquietantes, uno de ellos
sobresale de entre los doce: “Sólo vine a hablar por teléfono” (fue escrito
antes de que la RAE decidiera que solo ya no necesita tilde, así que
respetaré el título original con tilde en sólo).
Al regresar a su lectura, vuelvo a sentir la desesperación
de María, he sufrido con ella nuevamente. Recordar los hechos luego de su
llegada al hospital psiquiátrico, me hicieron repensar en qué es lo que hubiese
hecho yo si hubiese estado en su situación, ¿me hubiese rendido pronto?
¿hubiese aceptado la confusión como ella? ¿hubiese gritado hasta ser escuchada?
¿hubiese hecho algo para escapar de esa terrible confusión?
Al releer esta historia tuve la sensación de ser testigo de
una toma de decisiones en las que no podía participar, sentí la impotencia y la
injusticia tan arraigada en mi sangre peruana por estos días. Mi posición como
lectora ha querido tomar las riendas de mis emociones involucrándome en el
proceso de darle un final diferente a esta historia. Mi mente busca darle un
cierre que satisfaga mi alma lectora que ha disfrutado con este texto tan bien
logrado y que guarda un final tan delirante y desafiante a la vez.
Los relatos de Gabriel García Márquez me muestran claramente
a un escritor que tiene el poder de tener a su lector comiendo de su mano, le
guste o no. Soy un ejemplo perfecto. Leo a Gabo, me entrego a sus libros
totalmente y lo seguiré haciendo con alevosía.
Te regalo uno de los cuentos de este maravilloso escritor.
Disfrútalo de principio a fin.
La literatura hebrea nos ha dejado grandes historias, la biblia es uno de sus libros más representativos. Fuera del valor que tiene para la religión católica, no podemos negar su valor histórico y social. Todos aquellos pasajes releídos en el hogar siempre me fueron confusos, sobre todo los capítulos dedicados a la primera pareja Adán y Eva, probablemente sea una de las historias que encuentro más fascinante y totalmente misteriosa.
El primer hombre y la primera mujer, la primera familia, de ello hablan muchos textos sagrados. Pero lo que nunca se habla es sobre los miedos que sintieron en ese tiempo oscuro, la sensación de soledad, el descubrimiento paso a paso de la maternidad de Eva y los típicos problemas de pareja.
Muchos años después descubro un libro que se atreve a darle respuestas a mis interrogantes sobre esta historia propia del Génesis. La escritora nicaragüense Gioconda Belli es la responsable de mi hallazgo, ella nos cuenta la historia de estos desterrados con una claridad fantástica en su libro "El infinito en la palma de la mano".Este libro nos presenta una posible verdad histórica con unos protagonistas muy humanos, sensibles al cambio. Observamos con esta lectura el triste camino del exilio acompañado del dolor que representa para cada uno perderlo todo de una forma incomprensible, ese tormento va de la mano con la curiosidad que les provoca el descubrimiento de sus cuerpos, del placer; sienten el poder y el dolor que produce traer vida a ese mundo que ya no era amable con ellos. Es impresionante leer sobre una Eva que no concibe la crueldad de matar para sobrevivir, que continúa esperado el perdón y que siente un desgarrador dolor al ser testigo del primer hecho abominable: el fratricidio.
Hoy le rindo homenaje a la primera madre que conoció el mundo. De este libro he extraído un fragmento que me ha dejado el corazón en vilo, la descripción del dolor de una madre a quien su propia sangre le ha arrebatado el segundo fruto de su poderoso vientre.
"Eva se acercó despacio. Le temblaban las piernas. Recordó la sensación de Abel en su vientre. El sebo y la sangre de su pequeño cuerpo. Sus ojos se detuvieron en las plantas de los pies del muchacho. Estaban curtidas. Eran lisas, grandes. Los dedos. Los piececitos de sus hijos. Nada le maravilló tanto cuando nacieron. Los pies y las pequeñas orejas, los lóbulos curvos como caracolas. Se acercó más. Vio sus ojos fijos. Se inclinó y tocó sus párpados para cerrarlos. Lo hizo sin pensar. El conocimiento del Bien y el Mal."
Te invito a leer esta fascinante historia, he aquí la ficha informativa de este libro para su fácil acceso. Gracias Gioconda.
BELLI, Gioconda. "El Infinito en la palma de la mano". Editorial Seix Barral. Premio Biblioteca Breve 2008
Yo cuento cuentos, pero a veces me gusta explorar otros géneros, a veces soy drmaturga y en otras me siento poeta, así que me atrevo a presentar un poema extraído de lo más profundo de mis entrañas.
Este día suelo compartir poesía de diferentes damas amantes de las letras rimadas o no, pero hoy quiero poner en tapete aquellas palabras que me conectan con la historia de la primera mujer que conocí: mi madre.
Mi madre ha muerto
Mi madre murió a los siete años. Caminaba libre, feliz, al son del ritmo de la vida.
Sola, única, efímera, leona y gacela, su libertad la cegó, no vio el tronco hueco, su debilidad la había golpeado, cayó.
Su dolor era la piedra de su agonía. Volvió a la vida y se convirtió en gato, era una felina sedienta, adolorida,
atrofiada por la vida. Volvió a caer a los doce, las uñas no se lo impidieron. Ahora era cisne, ágil, ligera, dulce, lo había olvidado todo.
Limpia su ropa y avanza, aún tiene escondida la garra. Su plumaje confunde, desciende entre las ramas, ágil, ligera, dulce, pero un paso en falso sacude su memoria,
lo ha recordado todo. La memoria puede ser cruel, ha vuelto a morir de purito dolor. No quiere volver débil, se esconde, pero alguien la observa.
Ella se escabulle, ágil, ligera, dulce; juguetean, corren y se tropiezan, se revuelcan, dos almas perdidas que se encuentran. Hace fuego con dos piedras,
reúne su fuerza y su voluntad. Lo mira jadeante, hambrienta, él observa con las orejas alertas, lo disfruta y vuelve a morir, pero esta vez sonriente, feliz.
Murió muchas veces mi madre, pero volvió a la vida otras tantas, con una nueva mirada cada vez, como vivir en Oriente o ser diferente. Cree que es posible respirar libre y
vuelve hecha Águila. Protege a sus críos, les da de comer, les da su vida, los hace feliz. Pero el tiempo reclama su parte, la batalla es dura, está perdiendo, va a morir
y no puedo hacer nada. Mis alas son torpes y no puedo intervenir. Todos somos testigos de su caída vertiginosa, lenta y silenciosa.
Mi madre ha vuelto a morir a los sesenta y nueve años, ágil, ligera, dulce. ¡No! Grito desesperada. El tiempo y su dolor la han matado y yo no pude hacer nada.





