Tiempo de Cuentos diciembre 29, 2020

 Y antes de acabar el año, quiero compartirles uno de mis poemas favoritos, uno que estremece mi alma cada vez que vuelvo a él o cada vez que él vuelve a mí. 

La repetición constante utilizada por el gran poeta peruano Jorge Eduardo Eielson en este poema, me genera una reflexión profunda, un grito desesperado que cae al vacío, una duda que resuena en la mente y en el corazón. 

¿Qué puedo yo decir del amor? probablemente nada, por ello mejor sigamos hablando de esta puerta llamada Literatura Peruana.


HE AQUÍ EL AMOR


"He aquí el amor.
Repito:
He aquí el amor.

Pero mejor hablaremos de esta puerta.
Una puerta es una puerta
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche.
Y aunque nadie responda,
y aunque nadie responda,
y aunque nadie responda,
el aire es el aire de todos los días,
las plantas son verdes como siempre,
y el mismo cielo esférico me envuelve
lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

¿Pero, qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
En cambio, esta puerta es indudable;
por ella entro y salgo día y noche
hacia los verdes campos que me esperan,
hacia el mismo cielo esférico y perenne.

¿Pero qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
Mejor sigo hablando de esta puerta. "


Jorge Eduardo Eielson (1924-2006)

Tiempo de Cuentos diciembre 11, 2020

"Érase una oruga tan hermosa, que al verla la lancé lejos en un instante para que su veneno no llegara a tocarme.

La naturaleza es sabia y yo lo sé, mientras más hermosa la creación, más letal es".


Yo

Tiempo de Cuentos octubre 05, 2020

La pasión por el arte oriental junto a la milenaria tradición de contar historias se unen. Soy feliz juntando cuento y papel, tradición e historia. 

Un poema que encuentro por allí me recuerda lo hermoso que es pasar tiempo dedicado a un/a mismo/a. Tómate un tiempo para pensar en ti, para sentirte feliz contigo mismo/a. Ser feliz es una decisión, no hay duda alguna.


MIL ORIGAMI


Soy una ajada pieza de papel.

Para muchos una mano ha moldeado mil formas

a partir de esta pequeña pieza.

No quiero bordes doblados,

porque me desgarro por algunos sitios.

Mis frágiles líneas encajan perfectamente

con la siguiente forma que adopto;

un testimonio de mi maleabilidad.

Porque soy como papel en las manos

de un niño haciendo origami.


Emuobome Jemikalajah




Tiempo de Cuentos junio 22, 2020

Existe una poeta peruana que me estremece la piel cada vez que la leo, ella es Blanca Varela, una de las voces femeninas más importantes de mi país. Su poesía está cargada de fuerza y lleva un ritmo perfecto.



Te invito a conocerla a través de este poema:

Último poema de Junio

Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La
hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne
y hueso. ¿Pétalos? ¿Flores? Preciosismobienvestido,
muertodehambre, vaderretro.

Se trata simplemente de heridas congénitas y
felizmente mortales.

Luz alta. Bermellón súbito bajo el que despiertas
de pie, caminando a ninguna parte. Pies, absurdas
criaturas sin ojos. No se parecen sino a otros pies.
Y además estas manos y estos dientes, para mostrar-
los estúpidamente sin haber aprendido nada de ellos.

Y encima de todo y todas las cosas, sobre tu propia
cabeza, la aterciopelada corona del escarnio: un som-
brero de fiesta, inglés y alto, listo para saludar lo
invisible.

Rojos, divinos, celestes rojos de mi sangre y de mi
corazón. Siena, cadmio, magenta, púrpuras, carmi-
nes, cinabrios. Peligrosos, envenenados círculos de
fuego irreconciliable.

¿Adónde te conducen? ¿A la vida o a la muerte?
¿Al único sueño?

La flor de sangre sobre el sombrero de fiesta (inglés y alto)
es una falsa noticia.

Revelación. Soy tu hija, tu agónica niña, flamante
y negra como una aguja que atraviesa un collar de
ojos recién abiertos. Todos míos, todos ciegos, todos
creados en un abrir y cerrar de ojos.

El dolor es una maravillosa cerradura.

Arte negra: mirar sin ser visto a quien nos mira
mirar.

Arte blanca: cerrar los ojos y vernos.

Ver: cerrar los ojos.

Abrir los ojos: dormir.

Facilidades de la noche y de la palabra. Obscenidades
de la luz y del tiempo.

Y así, la flor que fue grande y violenta se deshoja y
el otoño es una torpe caricia que mutila el rostro
más amado.

Fuera, fuera ojos, nariz y boca. Y en polvo te conviertes
y, a veces, en imprudente y oscuro recuerdo.

Dulce animal, tiernísima bestia que te repliegas en
el olvido para asaltarme siempre. Eres la esfinge

que finge, que sueña en voz alta, que me despierta. 

Tiempo de Cuentos abril 21, 2020

Hay una escritora española que me fascina: Emilia Pardo Bazán que fue una destacada representante de la Literatura del Realismo junto con Benito Pérez-Galdós.
Quiero compartir contigo, una de sus historias. Disfrútala.

EL FANTASMA

CUANDO estudiaba carrera mayor en Madrid, todos los jueves comía en casa de mis parientes lejanos los señores de Cardona, que desde el primer día me acogieron y trataron con afecto sumo. Marido y mujer formaban marcadísimo contraste: él era robusto, sanguíneo, franco, alegre, partidario de las soluciones prácticas; ella pálida, nerviosa, romántica, perseguidora del ideal. El se llamada Ramón; ella llevaba el anticuado nombre de Leonor. Para mi imaginación juvenil, representaban aquellos dos seres la prosa y la poesía. 

Esmerábase Leonor en presentarme los platos que me agradaban, mis golosinas predilectas, y con sus propias manos me preparaba, en bruñida cafetera rusa, el café más fuerte y aromático que un aficionado puede apetecer. Sus dedos largos y finos me ofrecían la taza de porcelana cáscara de huevo, y mientras yo paladeaba la deliciosa infusión, los ojos de Leonor, del mismo tono obscuro y caliente a la vez que el café, se fijaban en mí de un modo magnético. Parecía que deseaban ponerse en estrecho contacto con mi alma. 


Los señores de Cardona eran ricos y estimados. Nada les faltaba de cuanto contribuye a proporcionar la suma de ventura posible en este mundo. Sin embargo, yo dí en cavilar que aquel matrimonio entre personas de tan distinta complexión moral y física, no podía ser dichoso. Aunque todos afirmaban que a Don Ramón Cardona le rebosaba la bondad y a su mujer el decoro, para mí existía en su hogar un misterio. ¿Me lo revelarían las pupilas color café? Poco a poco, jueves tras jueves, fui tomándome un interés egoísta en la solución del problema. No es fácil a los veinte años permanecer insensible ante ojos tan expresivos, y ya mi tranquilidad empezaba a turbarse y a flaquear mi voluntad. Después de la comida, el señor de Cardona salía; iba al casino o a alguna tertulia, pues era sociable, y nos quedábamos Leonor y yo de sobremesa, tocando el piano, comentando lecturas, jugando al ajedrez o conversando. A veces, las vecinas del segundo bajaban a pasar un ratito; otras estábamos solos hasta las once, hora en que acostumbraba a retirarme, antes de que cerrasen la puerta. Y, con fatuidad de muchacho, pensaba que era bien ridículo que no tuviese D. Ramón Cardona celos de mí. 

Una de las noches en que no bajaron las vecinas,— noche de Mayo, tibia y estrellada,— estando el balcón abierto y entrando el perfume de las acacias a embriagarme el corazón, me tentó el diablo más fuerte, y resolví declararme. Ya balbuceaba entrecortadas palabras, no precisamente de pasión, pero de adhesión, rendimiento y ternura, cuando Leonor me atajó diciéndome que estaba tan cierta de mi leal amistad, que deseaba confiarme algo muy grave, el terrible secreto de su vida. Suspendí mis confesiones para oír las de la dama, y me fue poco grato escuchar de sus labios, trémulos de vergüenza, la narración de un episodio amoroso. «Mi único remordimiento, mi único yerro— murmuró acongojada doña Leonor— se llama el marqués de Cazalla. Es, como todos saben, un perdido y un espadachín. Tiene en su poder mis cartas, escritas en momentos de delirio. Por recogerlas, no sé qué daría.» Y vi, a la luz de los brilladores astros, que se deslizaba de las pupilas obscuras una lágrima lenta... 
 
Al separarme de Leonor, llevaba formado propósito de ver al marqués de Cazalla al día siguiente. Mi petulancia juvenil me dictaba tal resolución. El Marqués, a quien hice pasar mi tarjeta, me recibió al punto en artístico fumoir, y a las primeras palabras relativas al asunto que motivaba mi visita, se encogió de hombros y pronunció afablemente: —No me sorprende el paso que usted da, pero le ruego que me crea, y le empeño palabra de honor de que es la pura verdad cuanto voy a decirle. Considero el caso de la señora de Cardona el más raro que en mi vida me ha sucedido. No sólo no poseo ni he poseído jamás los documentos a que esa señora se refiere, sino que no he tenido nunca el gusto...— porque gusto sería— de tratarla... ¡Repito que lo afirmo bajo palabra de honor! Era tan inverosímil la respuesta, que no obstante el tono de sinceridad absoluta del Marqués, yo puse cara escéptica, quizás hasta insolente. —Veo que no me cree usted— añadió el Marqués entonces.— No me doy por ofendido. Lo descontaba. Podrá usted dudar de mi palabra, pero ni usted ni nadie tiene derecho a suponer que soy hombre que rehuye, por medio de subterfugios, un lance personal. Si lo que busca usted es pendencia, me tiene a su disposición. Sólo le suplico que antes de resolver esta cuestión de un modo o de otro, consulte... al señor de Cardona. He dicho al señor. No me mire usted con esos ojos espantados... Oigame hasta que termine. Doña Leonor Cardona, que según opinión general es una señora honradísima, ha debido de padecer una pesadilla y soñar que teníamos relaciones, que nos veíamos, que me había escrito, etc. Bajo el influjo de ilusorios remordimientos, le ha contado á su marido todo... es decir, nada... pero todo para ella; y el marido ha venido aquí, como usted, sólo que más enojado, naturalmente, a pedirme cuentas, a querer beber mi sangre. Si yo no la tuviese bastante fría, a estas horas pesa sobre mi conciencia el asesinato de Cardona..., o él me habría matado a mí (no digo que no pudiese suceder). 

Por fortuna no me aturdí, y preguntando a Cardona las épocas en que su esposa afirmaba que habían tenido lugar nuestras entrevistas criminales, pude demostrarle de un modo fehaciente que a la sazón me encontraba yo en París, en Sevilla o en Londres. Con igual facilidad le probé la inexactitud de otros datos aducidos por doña Leonor. Así es que el señor Cardona, muy confuso y asombrado, tuvo que retirarse pidiéndome excusas. Si usted me pregunta cómo me explico suceso tan extraordinario, le diré que creo que esa señora, a quien después he procurado conocer (por la memoria de mi madre le juro a usted que antes, ni de vista...!), sufre alguna enfermedad moral..., y ha tenido una visión...; vamos, que se le ha aparecido un espectro de amor..., y ese espectro ¡vaya usted a saber por qué! ha tomado mi forma. Y no hay más... No se admire usted tanto. Dentro de diez años, si trata usted algunas mujeres, se habituará a no admirarse casi de nada. Salí de casa del marqués en un estado de ánimo indefinible. 

No había medio de desmentirle, y al mismo tiempo la incredulidad persistía. Impresionado, no obstante, por las firmes y categóricas declaraciones del dandy, me dediqué desde aquel punto, no a cortejar a Leonor, sino a observar a Cardona. Procuré hablarle mucho, hacerle hablar, y fui sacando, hilo por hilo, conversaciones referentes á la fidelidad conyugal, a los lances que pueden originar un error, a las alucinaciones que a veces sufrimos, a los estragos que causa la fantasía... Por fin, un día, como al descuido, dejé deslizar en el diálogo el nombre del marqués de Cazalla y una alusión a sus conquistas... Y entonces Cardona, mirándome cara a cara, con gesto entre burlón y grave, preguntó: —¿ Qué? ¿Ya te han enviado allá a ti también? ¡Pobrecilla Leonor, está visto que no tiene cura! No necesité más para confesar de plano mis gestiones, y Cardona, sonriendo, aunque algo alterada su sonora voz, me dijo: —Has de saber que cuando fui a casa del marqués de Cazalla, ya llevaba yo ciertos barruntos y sospechas de la alucinación de Leonor, de la cual me convencí plenamente después. Si bien no parezco celoso, y hasta se diría que me pierdo por confiado, he vigilado a Leonor siempre, porque la quiero mucho, y en ninguna época hubiese podido ella cometer, sin que yo me enterase, los delitos de que se acusaba. 

Comprendí que se trataba de una fantasmagoría, de un sueño, y me resigné a la hipótesis de una falta imaginaria... ¡Quién sabe si ese fantasma de pasión y arrepentimiento la sirve de escudo contra la realidad! Lo que te aseguro es que Leonor, viviendo yo, nunca saldrá de la región de los fantasmas... ¡Y no volvamos a hablar de esto en la vida! Aproveché el aviso, y de allí en adelante evité quedarme a solas con Leonor, y hasta fijar la mirada en sus obscuros ojos, nublados por la quimera.

Gracias Emilia.

Tiempo de Cuentos mayo 14, 2019


TALLER para todos los que desean aprender o revisar la manera de contar una historia.

El sábado 25 de mayo Yeniffer Diaz te espera para compartir contigo herramientas para crear un camino lleno de cuentos.
Quieres saber el costo, lugar, horario o tienes cualquier otra pregunta escribe al correo tiempodecuentosperu@gmail.com o al whatsapp 916 381 226.

INFÓRMATE Y COMPARTE




Tiempo de Cuentos febrero 16, 2018

Hola amigos...

Este viernes 16 de marzo volvemos a las andadas en el Centro Cultural CAFAE-SE. Acompáñanos y sé parte de este momento memorable, recordaremos las historias que nos acompañaron durante nuestra infancia a través de sus pegajosas melodías.

Viernes 16 de marzo - 8pm
Av. Arequia 2985 San Isidro
Pre Venta: 15 soles hasta el 4 de marzo

Evento aquí.


Tiempo de Cuentos noviembre 08, 2017

Arturo Corcuera descansa en paz, gracias por tan maravillosa vida literaria...


Tiempo de Cuentos octubre 13, 2017

Hace mucho tiempo escuché este poema en voz de una señora muy conocedora de poesía, estaba en género masculino y me impresionó por lo desgarrador, lo busqué y muchos lo han transcrito como anónimo o se los han adjudicado como suyos, pero al fin lo rescato de manos de su autor.


Era mi amiga, pero yo la amaba
yo la amaba en silencio puramente,
y mientras sus amores me contaba
yo escuchaba sus frases tristemente.
Era mi amiga, pero me gustaba
y mi afán era verla a cada instante.
Nunca supo el amor que yo albergaba
porque siempre me hablaba de su amante.
Era mi amiga para todo el mundo
porque a nadie mi amor yo confesaba,
pero yo la quería muy profundo
y forzosamente me callaba.
Era mi amiga, y mi cuerpo sentía
estremecer si ella me miraba,
al oírla junto a mí feliz me hacía
mas de este amor ella nunca supo nada.
Y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía,
era mi amiga, pero yo la amaba.

Miguel Ángel Buesa

Tiempo de Cuentos mayo 23, 2017

Los Pecados Latinoamericanos es un espectáculo diverso que está dirigido a adolescentes, jóvenes y sobre todo público adulto. Con esta propuesta Yeniffer Díaz nos cuenta tres historias llenas de pecado. La trama comienza con un autoanálisis de vida, el tema del pecado es recurrente en diversas etapas de la sociedad latinoamericana y muchos escritores han sabido retratar esta fórmula sin pelos en la lengua. La narradora recoge tres cuentos basados en algunos pecados capitales, luego los adapta y los lleva a escena. 




LUJURIA / Sangre en la Boca (Milagros Socorro).- Manolo Alvia ha ganado la medalla de plata en las olimpiadas de Montreal, su éxito le permitirá conocer a Mireya (una boxeadora amateur) y quedará prendado de ella. Sus encuentros serán motivo de comentarios que llegarán a oídos de la esposa de Manolo. El romance de los boxeadores tendrá un desenlace inesperado.

IRA / Marina y su olor (Mayra Santos-Febres).- Marina descubre desde muy joven que su cuerpo tiene un don y sabrá cómo aprovecharlo. Conocerá el amor, pero su deseo será reprimido por la envidia del hijo de la dueña de la casa donde trabaja. La ira se apoderará de ella dejando un mal recuerdo a la familia Velásquez.

SOBERBIA / El Círculo de la Muerte (Abraham Valdelomar).- Dos hombres deciden hacer un gran y novedoso negocio, se valdrán de la necesidad de la gente para hacer un espectáculo donde los suicidios son el plato principal. El círculo de la muerte está plagado de humor negro, nuestro escritor peruano retrata en este cuento la vida de los yanquis en el mundo de los negocios creativos.

Miércoles 24 y 31 de mayo / 8pm
Centro Cultural CAFAE-SE (Av. Arequipa 2985 San Isidro)
Entrada General (30 soles)
Entrada Estudiantes (20 soles)